La vida es mejor si sabes más

Me quité. Me quité de las noches sin fin, de las cortaduras con los “xacto knives” y de las críticas interminables de mis trabajos en presentaciones finales. Me cansé de la ceguera inducida por horas frente a AutoCad. Sí, me cansé. Pero aprendí a ser un ciudadano completo, no uno definido por mi profesión. Aunque en ocasiones he perdido mi rumbo, a partir de mis primeros días en la escuela de arquitectura supe que si me “convertía” en arquitecto, no aprendería solamente diseñar edificios. Sería diseñador industrial, paisajista, ingeniero estructural, artista.

Y así fue. El profesor de Historia de la Arquitectura me enseñó el valor de conocer la música. Por eso ahora ahora conozco su importancia para disfrutar plenamente mi vida. El profesor de Teoría me inculcó un sentido profundo de rigurosidad y la importancia de la crítica, tanto de la “constructiva” y de la que no lo es también. El de Diseño me contagió con la curiosidad sobre el arte y el dibujo. Viajamos juntos a capitales culturales de Europa y visitamos más museos que edificios históricos.

Hoy soy abogado, no arquitecto. Aunque no sé qué terminaré siendo, para ser franco. Pero no han terminado las noches sin fin, ni la ceguera por mirar a pantallas de computadora, y por supuesto tampoco las críticas interminables. Y lo que aprendí en esos dos años de Arquitectura me transformó como persona, aun cuando el único de mis diseños que ha visto la luz del día es el de una puerta de casa.

Un problema, incluso uno jurídico, no se resuelve con “juridicidad” o legalismos meramente. Se resuelve con un cúmulo de perspectivas. Se resuelve con la creatividad de un artista y con la lógica de un ingeniero.

El valor del polifacetismo lo he visto más claramente en las experiencias de muchos de mis excompañeros de Arquitectura. Algunos están trabajando como “arquitectos” propiamente. Pero muchos está poniendo pan sobre sus mesas de otras maneras. Algunos en profesiones “relacionadas” a la arquitectura, pero muchos otros en campos más alejados. Uno es diseñador industrial. Otra diseña el “UX” de aplicaciones móviles. Una trabaja con la experiencia del cliente en una cadena de comida rápida. Otro diseña ropa, y hay uno que tiene un restaurante.

Claro que algo de esto lo impulsa la necesidad. “Las cosas están malas y hay que buscárselas”. Pero la gama de posibilidades es mucho más amplia cuando sabes sobre muebles, música, espacialidad, experiencias de uso y moda, que cuando solo te has memorizado un libro de leyes.

De mis colegas abogados, los afortunados están haciendo trabajo legal en un bufete grande (algunos son felices con lo que hacen, muchos no), en un bufete pequeño que provee un poco más de variedad o con “los casitos que les caigan”. Muchos están, simplemente, desempleados o crasamente subempleados. Creo que en parte eso se debe a que nuestra formación mayormente es muy unidimensional y no vemos oportunidades de innovación.

La vida es mejor si sabes más. Mientras más aprendes, más herramientas tienes para vivir. Si eres físico y sabes algo de biología, podrás resolver problemas de biología con física. Si eres biólogo y sabes de música, podrás apreciar ritmos inspirados en la naturaleza o podrás comparar conceptos biológicos con los musicales para explicar algo complicado de manera sencilla.

Pero puedes borrar de tu memoria todo lo que ya dije y dejar que esas cosas surjan naturalmente. Si necesitas alguna razón para adquirir conocimiento y desarrollar destrezas nuevas, solo piensa en que así la vida se disfruta más. Cada vez que aprendes algo nuevo. Cada vez que logras dominar una nueva destreza. Cada vez que entiendes algo que no entendías antes. Cada vez que esas cosas pasen, serás más feliz y tendrás más oportunidades.